La
política federal del impuesto
al patrimonio ha
sido una cuestión discutible desde el establecimiento de la política
impositiva
de Bush en 2001. Mientras sus opositores más firmes lo juzgan por “el
impuesto
de sucesión,” los partidarios del impuesto sobre el patrimonio mantienen
que –
además de ser una fuente de ingresos importante – esto representa el
ideal
Estadounidense fundamental de la meritocracia. El impuesto sobre el
patrimonio
ayuda a asegurar que uno consigue el éxito por su propio trabajo
difícil, más
bien que por la fortuna de su padres.
Cuando escuché a Unidos por
una
Economía Justa en la teleconferencia del
impuesto sobre el
patrimonio, estuve asombrado por la simplicidad de Abigail
Disney, su argumento aún poderoso.
Ella disipó el mito que el impuesto sobre el patrimonio impide el éxito
económico. Disney – quién paga un impuesto sobre el patrimonio por ella
misma –
señala los triunfos financieros de su propia familia, notando que ellos
eran
posibles “no a pesar de, pero debido al sistema estadounidense de
impuestos." Ella nos recordó que si no hubiese
sido por la inversión federal en carreteras, Disneyland nunca habría
tenido
éxito, o que si no tuviéramos un sistema de tribunal fuerte la
protección de
marca registrada de Mickey Mouse no habría durado.
Las
experiencias de la familia
Disney sirven como un recordatorio conmovedor de las formas en que la
inversión
pública puede significar y que
puede permitir la cultura, innovación, y valores que nos definen como
Estadounidenses. Más importantemente ellos nos muestran que el éxito
individual
y el gobierno financiero adecuado, no tienen que ser descritos en la
oposición,
pero mejor dicho que ellos son tejidos juntos como la fábrica de la
prosperidad
nacional.
El impuesto sobre el patrimonio se parece a un camino
apropiado para el
muy rico para permitir a otros compartir en y ampliar esta prosperidad
que
Estados Unidos representa. Esto presenta un puente simbólico entre el
éxito
individual y nuestros ideales democráticos codiciados. La adopción de la
legislación del impuesto sobre el patrimonio fuerte no nos obligará a
elegir
entre el individuo y la nación, o el corto plazo y la carrera larga.
Mejor
dicho, esto servirá a todos los susodichos.
Julio 26, 2010