La Historia del Impuesto al Patrimonio
Martes, 27 de Septiembre, 2005
Hasta la propia médula del experimento Americano vá nuestro rechazo colectivo para la aristocracia hereditaria europea y la vasta desigualdad de las riquezas. Aún después de 100 anos de que fué fundada, los Estados Unidos naufragaron por el pánico económico y las desigualdades traídas por la revolución industrial y los excesos de la Edad Dorada (1870-1910). Estos cambios frustraron la percepción Americana como tierra de oportunidad así misma.
Afortunadamente nuestra nación hace frente a los desafíos. Nosotros tuvimos un debate intenso –en el Congreso y en el cuadrilátero público- acerca de las grandes disparidades de la riqueza y el Poder que existieron en esos tiempos. En ésta controversia fuerte sobre cómo dirigir esas desigualdades se involucraron hombres y mujeres comunes, y también a las elites de esos tiempos: los Carnegies, los Rockefellers, y a los Roosevelts. El debate se desarrolló dentro de los finqueros, reformistas urbanos, líderes religiosos, y los sindicatos de trabajadores nacientes.
Muchas reformas de la Era Progresiva (1900-1918) resultaron de éste período, tal como: Las Leyes Laborales del Niño, los Derechos de la Mujer para Votar, y el establecimiento de un Impuesto al Ingreso, el cuál requirió de un paso extraordinario para enmendar la constitución. El impuesto al Patrimonio fue otra de estas reformas. Esos argumentos avanzados que se hicieron para el caso del impuesto al patrimonio en esos entonces, son vitales para el debate contemporáneo actual.
Primero, fue de la creencia de que la transferencia hereditaria de riquezas concentradas es incompatible con los valores americanos y a las aspiraciones de la democracia. Varias décadas después de haber pasado el impuesto al patrimonio, Franklin D. Roosevelt dijo: “Grandes acumulaciones de riquezas nó pueden ser justificadas como bases para la seguridad individual y familiar....el tal poder económico heredado es inconsistente con los ideales de ésta generación, así como el poder político heredado fue inconsistente con los ideales de la generación que estableció nuestro gobierno.”
Una segunda creencia fué que la sociedad jugó un papel significante en la creación de la riqueza individual y aún por encima de eso reclama lo de la riqueza de los más ricos. En 1906, el Presidente Theodore Roosevelt propuso un Impuesto Federal a la Herencia, diciendo, “La humanidad más rica debe una obligación particular al Estado, porque el rico proviene de ventajas especiales, debido a la poca presencia del gobierno.” Roosevelt reconoció que los ciudadanos ricos se beneficiaron particularmente de la protección del gobierno a la riqueza y a la propiedad privada.
El permanente impuesto al patrimonio, después de una generación de agitación, obtuvo un empuje final hacia su aprobación como parte de las preparaciones para la Primera Guerra Mundial. El Acta del Ingreso de Emergencia en el ano 1916 incluyó un impuesto a la propiedad y además incrementó los impuestos al ingreso é instituyó un impuesto al exceso de ganancia, para desalentar a los especuladores de ganancias por la guerra. El primer impuesto al patrimonio fue exigido sobre el valor de una propiedad sobre los $50,000 (aproximadamente $850,000 en estos tiempos) a una taza graduada del 1 al 5 por ciento.
Enfrentando una crisis en el presupuesto durante la Gran Depresión, el Congreso aumentó la taza de impuesto al 70% en fortunas que excedieran los $50 millones ($666 millones en el valor del dólar actual). En 1936, el impuesto al patrimonio proveyó el 11% del ingreso federal. Hasta el ano 2001, el impuesto al patrimonio permaneció esencialmente sin cambiar, aparte del ajuste a la taza y periódicos incrementos en la cantidad de dinero libre de impuestos.
Dentro de la actual campana para abolir el impuesto al patrimonio, existe una distorsión sistemática en lo referente a la realidad de quién paga y quienes podrían beneficiarse más de la derogación al impuesto del patrimonio -se pretende que finqueros y negociantes en pequeña escala serían beneficiados. En cambio, detrás de la imagen comunitaria, opera una industria completa de cabildeos que se opone al impuesto, peticiones firmadas y expertos en PR. El movimiento de cabildeo del Anti-impuesto al patrimonio fue fundado con dinero de algunas de las familias más ricas de América, incluyendo nombres reconocidos como Gallo (como el vino) y Mars (como los dulces).
En el 2001, proponedores de la anulación del impuesto al patrimonio, anticiparon una victoria fácil; hasta que una organización de Boston conocida como Riqueza Responsable (sus siglas en inglés: Responsible Wealth) organizó un grupo de americanos afluentes, incluyendo a Bill Gates (padre) y a Warren Buffet, para anunciar su oposición total al desmantelamiento del impuesto al patrimonio. Confrontados con ésta oposición, y la necesidad de poner límites al costo del corte de impuestos, el Congreso y el Presidente Bush firmaron una ley muy original del corte del impuesto, la cuál permite mediante fases lentas que el impuesto al patrimonio desaparezca lentamente hasta el 2009, que se anule completamente en el 2010, y entonces mágicamente se reinstale de nuevo en el 2011.
En Junio del 2003, fuerzas que pelean por el anulación de éste impuesto, trataron de anular permanentemente el impuesto al patrimonio. Gracias en parte a la campana de bases confiables, coordinada por Unidos por una Economía Justa (UFE), ese esfuerzo se anuló en el Senado. En estos momentos, el futuro del impuesto a la propiedad está incierto, pero éste tomará un espacio prominente dentro de la agenda pública en los próximos meses y anos venideros.